
Postura Astrológica
La astrología es una materia vincular por excelencia que tiene a las dos luminarias como ejes de observación arquetípica: la luna (femenino) y el sol (masculino). Aunque nuestras horas más activas en el mundo pertenecen a la dimensión solar, es durante la noche cuando, a simple vista, se revelan los demás cuerpos celestes de la galaxia.
Tomando en cuenta esta polaridad en nuestra percepción de la luz desde la Tierra, surge el nombre de Tinta Áurea. La palabra “Tinta” hace referencia a ese Universo denso que nos contiene, y el vocablo “Áurea” contribuye con una doble acepción: en su cualidad de dorado y en alusión al principio matemático de la “proporción áurea ” y a cómo yo interpreto las cartas astrales como “pedacitos de universo”.
En un sentido más poético, decir “Tinta Áurea” es otra forma de decir “luna llena”, pues la única posibilidad de ver a nuestra luminaria nocturna iluminada en su totalidad es cuando el Sol se opone a ella.
Tinta Áurea se inscribe en el marco de la astrología helenística , que recupera símbolos y registros de los babilónicos y los egipcios para desarrollar técnicas de lectura e interpretación más refinadas. En Mesopotamia y Egipto se concreta la división del zodíaco en 360 sagrados y se establece una división armónica de 12 signos zodiacales en correspondencia con cierto significado. En el siglo IV a.C., este conocimiento empieza a circular por distintas zonas del mundo griego, Asia Menor (Turquía) y el norte de África, lo que culmina con el desarrollo del sistema de casas astrológicas y de la doctrina de los aspectos. Así, la astrología helenística se sostiene sobre cuatro ejes fundamentales que permiten la lectura de una carta natal: los 12 signos, los planetas (2 luminarias y 5 planetas: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) , las 12 casas y los aspectos (las relaciones geométricas entre los planetas).






